Muchos años después fui de la capital su ombligo rey.

 

Ay de mis avenidas, centro comercial de tantos pueblos limítrofes. Ay de la variedad de cine en más de trece teatros. Ay de los hoteles que, antecedidos por el Vanderbilt, hicieron del Condado la perla del turismo. Ay del embelesamiento ante mis fachadas

art déco, ante el progreso vertical.

Ni hablar de la pasión beisbolera de Santurce,

en cinco años tres veces campeones del Caribe.

Ni del moderno caserío Lloréns Torres, solución a la madera insalubre del arrabal…

 

—¿Y entonces?

—Llegó Puerto Nuevo. El incontenible dragón de la suburbia.

OMBLIGO REY