No otorga Santurce visas para un sueño. Barrio de desterrados, ni en los tiempos de la inmigración de libertos pancaribeños se pudo imaginar la utopía. Siempre hubo, como en tu tierra y dondequiera, que reñir por la sobrevivencia. Siempre la dura recayó en nos-otros, los que llegamos último. El chiste, la vejación y la usura: igual. Ni las casi tres décadas de llenar mis barrios obreros, ni tus restaurantes te libran aún del estigma. Ni hablar de los haitianos que duermen en la Iglesia San Mateo: enmudecidos. Igual pasó y vuelve a pasar a boricuas en el Norte. La xenofobia, transterrada, nos en-cadena.

    NOS - OTROS