Aun cuando es amplia mi hospitalidad, prefiero —lo confieso— a quienes hacen de mi trato un arte. Nada más les veo el juguete en la cabeza abro los brazos para recibirlos. Halagadísima, no discrimino: si me tocan bailo, si me quieren pintar me dejo, si me quieren plantar una estatua les guiño un ojo de tierra. A cambio me dejan aguacates, cantos al sol, un puente multicolor, bancos-cangrejos... dondequiera, ay, de la Ventana al Mar a Barrio Obrero, de Minillas a Villa Grafiti, me tratan como una reina. Recórrame y verá: del arte soy la más consentida.

LA MECENAS