Hartos del mall y la suburbia regresarán a una imaginaria ciudadela. Con barbas toscas él, tatuada y sin maquillaje ella, ambos —con botas— volverán sobre los pasos de antepasados desconocidos. A pie y en bicicleta recorrerán mis calles, pintarán murales, en inglés y español me profesarán una devoción casi publicitaria. Ensayarán la creación artesanal: de tres paredes harán un cine, de un vagón un restaurante, de telas y cachivaches una tienda de antigüedades. Comerán y fumarán verde, y por un tiempo se embelesarán ante mis ruinas. Luego, como tantos antes, partirán en busca del próximo paraíso.

    LOS REGRESADOS